lunes, 10 de febrero de 2014

Parálisis del Sueño


La primera experiencia que me marcó y me hizo tomar en serio estos temas fue la parálisis del sueño. Sólo he sufrido dos parálisis del sueño en lo que llevo de vida, las dos muy cercanas en el tiempo, a la edad de 25 años. Nunca había oído nada al respecto, y la primera experiencia me afectó sensiblemente.



John Henry Fuseli - The Nightmare


La primera parálisis


Creo que fue en otoño, al echarme una siesta después de comer. Me tendí en la cama y me dormí profundamente casi al instante. No recuerdo lo que soñé, pero al despertar no me podía mover. Se despertó mi mente pero no mi cuerpo. La sensación es como la de sentirte tetraplégico, o peor ya que ni siquiera puedes mover la cabeza. Al principio lo afronté con bastante serenidad aunque con cierta perplejidad. Sabía que no había conseguido salir totalmente de mi sueño, que al instante ni siquiera recordaba. Sentía una inmensa sensación de reposo. Entorné los ojos para observar de refilón mi cuerpo tendido y me concentré en mover cualquier parte de mi cuerpo. Pero mi cerebro estaba totalmente desconectado de mi sistema motor, era como si no me perteneciera. Después de unos segundos de angustioso fracaso me concentré sólo en mover el brazo derecho, sin conseguirlo. Fue entonces cuando empecé a sentir terror, viendo que mi voluntad estaba totalmente anulada y que no podía hacer nada para salir del trance. Durante un corto espacio de tiempo asumí la situación de parálisis con la fé de que saldría en cualquier momento de ella como por arte de magia. Intenté volver a dormirme para salir correctamente del sueño pero no pude. Noté cómo mis pulsaciones se aceleraban. Entre los resquicios de las contraventanas entraban unos tenues rayos de luz que dejaban la habitación en penumbra, y cuando mis ojos se hubieron acostumbrado a la falta de luz pude observar la habitación en calma. Los muebles, las estanterías, la cama, comenzaron a perfilarse y entonces lo ví: en una esquina de la habitación, contra el marco de la puerta había una figura observándome. Sólo pude ver su forma, la de un hombre delgado muy alto, que casi tocaba el techo con la cabeza, completamente estático. En ese momento me entró una taquicardia y volví a luchar por mi capacidad de movimiento. Intenté gritar desesperadamente pero no conseguía producir ningún sonido, y entonces empecé a levitar. Erguido horizontalmente, mi cuerpo se alzó sobre la cama. El nivel de lo que veían mis ojos ascendió como medio metro y observé la habitación desde un ángulo absurdo. La taquicardia fue en aumento y pensé que moriría. De repente me entró la calma y volví a posarme sobre la cama. Cerré los ojos, obvié la figura en la puerta y volví a concentrarme en recuperar el movimiento. Ya que mis extremidades no respondían concentré mis esfuerzos en la zona del plexo, pensando que al notar los latidos de mi corazón en esa zona podría conseguir movimiento. Tras un gran esfuerzo de concentración lo conseguí. En un extremo ejercicio abdominal y como enganchado de mi pecho conseguí levantar mi torso flexionando desde la cadera, y entonces desperté. La habitación estaba vacía, todo en su sitio tal y como había apreciado durante la parálisis salvo por la presencia en la esquina contra la puerta.

Yo soy muy escéptico y siempre que hablo de esta experiencia doy una explicación que encontré en internet, pero que no he podido contrastar. Según lo que leí, al parecer el cerebro tiene un mecanismo de defensa que anula las funciones motrices cuando entramos en la fase REM (sueño profundo). Este mecanismo consiste en una sustancia que segrega el cerebro que inhibe el movimiento y hace que la persona no se ponga en riesgo al tratar de escenificar lo que ocurre mientras sueña. Cuando por algún defecto esta sustancia no se genera se dan los casos de sonambulismo, mucho más frecuentes. Un caso mucho menos frecuente es cuando esa sustancia se genera correctamente, pero continúa activa tras el paso a la vigila, al despertarse. Este caso sería la justificación médica (como he dicho, sin contrastar) del escenario de la parálisis del sueño. Sobre la percepción de una figura extraña o una simple presencia de cualquier tipo, sólo cabe la explicación de que en ese estado de parálisis el cerebro se encuentra en una fase entre la vigilia y el sueño, y así la persona es susceptible de alucinaciones o ensoñaciones muy vívidas.

Tras esta primera experiencia, por desgracia no encontré en internet la explicación que os acabo de dar, y por desgracia lo que sí que encontré fueron casos de gente que habían dado por muerta y la habían enterrado viva. Y este descubrimiento se había producido al exhumar cadáveres y encontrar los ataúdes arañados por dentro y los cuerpos con los músculos en tensión y posturas de haber intentado escapar, con un rictus de terror estremecedor. Este hallazgo me causó una gran impresión. Por entonces da la casualidad de que leía mucho a Edgar Allan Poe, y leí el relato "Enterramiento prematuro". Pensé que había estado muy cerca de morir, o de que me diesen por muerto, ya que no había conseguido salir de aquel estado de parálisis por propia voluntad, o tenía la impresión de que lo había conseguido por suerte. Si me volvía a suceder, ¿qué podía ocurrir?. En poco menos de un mes me volvió a suceder...


La segunda parálisis del sueño


Ocurrió un día similar, también al dormir la siesta. Tenía muy reciente el recuerdo de la primera parálisis y reconozco que era fácilmente sugestionable. Había quedado tocado, y tenía incluso miedo cada vez que me iba a dormir, pensando que me podía volver a ocurrir. Aquel día tuve especial miedo, porque descubrí en mi un estado anímico extraño, similar al que había experimentado en la anterior parálisis, el estado previo a la parálisis. Me tendí en la cama y al reconocer ese estado, tanto miedo tuve que tomé la siguiente precaución: Me levanté inmediatamente y cogí lápiz y papel y escribí una nota que dejé sobre la mesilla. En ella explicaba con detalle lo que me había ocurrido la primera vez, y avisaba de que por favor no me diesen por muerto si me volvía a ocurrir, y que intentasen reanimarme por todos los medios. Imagínense el miedo que tenía. Pues bien, ligeramente menos preocupado me volví a echar en la cama, pues estaba terriblemente cansado y necesitaba reposo. Ocurrió inmediatamente, quizás porque estaba alerta esta vez. Es una variante de la parálisis en la que (si es cierta la teoría que expliqué antes), la sustancia que inhibe el movimiento se segrega por error ANTES de entrar en la fase de sueño profundo. Así, sin haberme dormido profundamente de repente me encontré perfectamente despierto y totalmente paralizado otra vez. Intenté nuevamente moverme por todos los medios sin éxito. Otra vez pude percibir la habitación con una variante: esta vez no había una figura en la esquina. Con mucho más detalle vi a contraluz la figura perfecta de un niño a los pies de la cama. Ahora viene lo más terrorífico y advierto que no me estoy inventando nada. El niño avanzó hasta el cabezal de la cama, lo tenía al lado de mi cabeza pero no podía ver su cara porque estaba en sombra. En apariencia era una visión benigna pues era un niño, pero entonces para mi sorpresa cogió una almohada y la presionó contra mi rostro con la intención clara de asfixiarme. En ese momento sí que pensé: la nota no servirá nada, esto es una alucinación provocada porque la parálisis es tan fuerte que ha impedido mi respiración. La escena del niño es una figuración que crea mi cerebro a partir de una asfixia real, que sufro por culpa de la parálisis. Me encontrarán muerto por asfixia o de un infarto, y no habrá reanimación que valga. Otra vez intenté gritar y moverme como pude, pero estaba totalmente paralizado. El niño no apretaba la almohada con fuerza, pero era suficiente ante mi imposibilidad total de zafarme, de privarme de todo el oxígeno. Cuando pensaba que perdía la conciencia por la falta de aire conseguí reaccionar incorporando de nuevo el tronco al tiempo que emitía un grito con todas mis fuerzas que pude oír casi en un susurro. La alucinación había desaparecido. Conté este caso a todas las personas que pude, les enseñé a mis padres la nota que había escrito y a los pocos días un amigo me envió por internet el artículo con las claves que os he dado antes.

Supuso un alivio tremendo descubrir que era un fenómeno bastante habitual (hasta un 50% de la población sufre la parálisis al menos una vez en la vida), que había estudios al respecto y sobretodo que no era mortal en ningún caso. Las alucinaciones de percibir una presencia son comunes, que te asfixien o te opriman el pecho impidiendo la respiración, incluso súcubos que te absorben la energía vital por medio de un beso, o que abusan sexualmente de uno aprovechando la parálisis. Al parecer es más habitual en personas que sufren trastornos del sueño y que toman inductores del sueño u otras sustancias recetadas expresamente para tratar los problemas del sueño y la ansiedad, y aquel era mi caso. Había sufrido las dos variantes de parálisis que se referían en el artículo, que son las que se dan antes de entrar en la fase REM, y las que se producen al salir de ésta, denominadas Alucinaciones Hipnogógicas y Alucionaciones Hipnopómpicas respectivamente. Es curioso comprobar cómo crece internet. En mi primera búsqueda de información no encontré nada sobre el fenómeno; mes y medio después, tras mi segunda experiencia ya era fácil que apareciesen enlaces entre los primeros resultados de Google; poco tiempo después había entradas en la Wikipedia, y actualmente hay un montón de información al respecto.

A partir de entonces, creo haber descubierto un puñado de cuentos en los que los autores plasman a las claras su experiencia de parálisis del sueño. Edgar Allan Poe, citado más arriba; Thomas Hardy en su famoso relato El brazo marchito, o Guy de Maupassant en El Orla son ejemplos claros.

No volví a experimentar nunca más dichos trances, aunque se activó para siempre mi interés por el mundo desconocido de los sueños.


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